Las 24 Horas de Le Mans siempre se disputan cerca de la noche más corta del año, la del 21 de junio en Francia. El momento en que la carrera agota las últimas luces del día para introducirse gradualmente en la oscuridad de la noche es siempre algo mágico, un nuevo desafío para los pilotos.
Cada uno de los 3.000 periodistas que cubren el evento, y los miles de espectadores que no fallan cada año a la cita pasan por la recepción del circuito, una impresionante zona de 77.000 metros cuadrados de superficie. La zona comercial abarca 18.000 metros cuadrados y nada menos que 125 hectáreas –el doble de la superficie de Disneyland Paris– están destinadas a los que deciden acampar en el circuito.
Más de 250.000 espectadores pasan por el circuito durante el evento, incluyendo a 40.000 que se desplazan desde el Reino Unido, a 20.000 desde Dinamarca, a 10.000 desde Holanda y a varios miles que llegan desde todos los rincones del planeta.
Para asegurar la seguridad de todas estas personas, la organización del evento despliega 4.000 oficiales, 400 especialistas en primeros auxilios y 100 médicos preparados para ponerse en marcha a bordo de hasta 300 ambulancias en caso de emergencia.
Para los participantes de las 24 Horas de Le Mans -–tanto pilotos como público–, el paso del día a la noche y la excitación de la puesta de sol suponen una parte indispensable de la carrera. Algunas personas son especialmente conocidas por su particular manera de afrontar la noche de las 24 Horas de Le Mans. Paul Frère, famoso periodista belga y ex-piloto con nada menos que 51 participaciones en la carrera, fallecía el pasado 23 de febrero. Todo el mundo conocía y admiraba a este caballero, periodista y piloto que, como cualquiera, tenía sus hábitos y manías. Siempre veía la salida de las 24 Horas de Le Mans desde la sala de prensa, pero luego pasaba la primera parte de la noche con los mecánicos en los garages. Hacia las tres de la madrugada, se retiraba a su Porsche aparcado siempre en el parking P6, lo más cerca posible del paddock. Se metía en su coche, ponía la radio y cerraba los ojos tratando de no quedarse dormido mientras escuchaba los comentarios de Bruno Vandestick hasta que el sol volvía a aparecer por el horizonte a las cinco de la mañana. Entonces se ponía su camisa azul y volvía a su mesa de trabajo, la número 1.019 de la sala de prensa, donde hoy luce una placa en su honor.
Otra persona de costumbres similares es Herb Fishel, director deportivo de General Motors, quien siempre pasa las primeras horas de la carrera en la zona de aparcamiento de los equipos, donde recurre a la misma estrategia para descansar: se tumba con la radio puesta, preparado a saltar en caso de necesidad.
Su peor recuerdo de las 24 Horas de Le Mans se remonta a diez años atrás, la noche del accidente de Ron Fellow. Su Corvette colisionó contra una barrera de neumáticos antes de la segunda chicane y quedó totalmente destrozado. El director de la carrera, Daniel Poinsenot, dio al equipo acceso inmediato al vídeo de la colisión, ya que nadie podía determinar el lugar exacto del accidente. Resultó estar en una esquina remota del circuito. El control de carrera enseguida entró en acción, enviando una de sus motocicletas para transportar a Herb Fishel hasta el lugar donde previsiblemente se encontraba Fellow. La única forma de acceder era a través de una zona de acampada y siguiendo un sendero entre arbustos.
Los equipos de emergencia rápidamente vaciaron sus botellas de nitrógeno para despejar el aceite y recogieron todos los trozos en los que había quedado dividido el coche mientras los doctores atendían al piloto. Milagrosamente, no había sufrido ningún daño. La operación de rescate continuó bajo la ténue luz de las linternas, y el coche pudo ser reconstruido para continuar la carrera al amanecer.
A pesar de este susto, una de las imágenes más impactantes de aquella noche de las 24 Horas de Le Mans es la que muestra a la organización trabajando durante toda la noche para hacer que las cosas funcionen. Ese esfuerzo combinado es lo que asegura que el espectáculo continúe.
La magia de la noche es uno de los aspectos más impresionantes de las 24 Horas de Le Mans, algo que no cambia de año en año y que permite a todo el mundo disfrutar de esta legendaria carrera.
La cita para los amantes del espectáculo de las 24 Horas de Le Mans ha sido hoy, cuando a las 15:00 horas los 55 equipos esperaron a la cuenta atrás Rolex para iniciar la 76ª edición de la carrera de resistencia en circuito más famosa del mundo.
Rolex es el cronometrador oficial de las 24 Horas de Le Mans y de las Le Mans Series. En Norteamérica, Rolex ha sido patrocinador oficial de las Rolex 24 At Daytona desde 1992.
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